lunes, 9 de septiembre de 2013
Mandarinazo (9.IX.2013)
Como hoy es Fiesta Vasca... recuperamos la buena costumbre del mandarinazo con la canción que nos alegró la tarde lluviosa del viernes en el Kutxa Kultur festibala;
domingo, 8 de septiembre de 2013
De las gafas de pasta a las camisetas negras (Kutxa Kultur fest 2.0)
Teníamos una enorme curiosidad por adentrarnos en eso que llaman hipsterismo ñoñostiarra. No es que seamos sociólog@s, pero para juzgar un "movimiento" hay que tener más información de la que una impresión, o una serie de exageraciones, pueden darnos.
Objetivamente, nosotr@s mism@s hemos sido tildados de rar@s, muchas veces, o nos hemos sentido diferentes cuando nos han comparado con determinadas "vertientes de moda". Ayer, antes de subir a Igeldo, compartimos mesa con gente que, como nosotr@s (o vosotr@s que nos leéis), tienen un rasgo diferenciador llamado curiosidad que hace que empaticemos con personas movidas por esas mismas inquietudes. Por eso, más que un movimiento, tenemos la sensación de que el gafapastismo de Donosti es la rutina necesaria que un conversador requiere cuando encuentra a 3, 4 ó 50 personas que tienen la oportunidad de hacer de esa rareza un tema de coloquio.
Buscando similitudes con ell@s, a nosotr@s nos han metido en un sinfín de sacos, aunque nunca nos ha gustado pertenecer a ningún grupo. Si acaso, tuvimos una época en la que influidos por nuestra pasión por Nirvana nos creímos Grunges, pero ni vivimos en Seatle, ni creímos en la negatividad como medio de existencia, ni nos sometimos al listado de gustos establecidos que siempre imponen los precursores interesados de las ideas por extender.
Quizá por eso entendemos que generalizar no es justo. Y que igual que hubo grunges exagerados o punkies sin cabeza, hay modernos que, aunque lleven Vans y gafas de pasta, son individuos lo suficientemente inteligentes para llegar a su casa y diferenciarse de lo que otr@s suponen de lo que, simplemente, han observado.
El inciso nos viene bien, lo primero, para justificarnos por no haber visto los primeros conciertos del sábado y hubiéramos sido gilipollas si estando en Donosti no hubiéramos disfrutado sus artes culinarias; y lo segundo, porque guiados por la nostalgia nos volvimos a sentir un poco Grunges por un día.
Quizá sea porque no estamos acostumbrados a ir a festivales sin sol, o puede que esa falta de calor hiciera que la primera impresión que tuvimos al llegar a Igeldo, fuera que la masa había cambiado el amarillo de los chubasqueros del viernes por los jerseys y las cazadoras de entretiempo negras. El caso es que l@s asistentes al Kutxa Kultur Festibala no tropezaron dos veces con la misma piedra; y aunque el hombre del tiempo nunca acierta, a veces, hay que prevenir calotes subiendo con los deberes "antifrío" hechos de casa.
Lo cierto es que, como hace 10 o 15 años, hoy más que agujetas por botar, tenemos dolores de cuello derivados de ese baile basado en asentir cada acorde y molestias en la parte trasera de la rodilla por seguir con el piececillo el ritmo que marcan las guitarras distorsionadas.
Da gusto ver una prueba de sonido, de las de antes, en la que no todo se limite a ese punto de encuentro estandarizado de un bombo exageradamente alto, un bajo reverberante y sintes que se comen a la guitarra y a la voz. Dought Marsch representó a la vieja escuela con 10 minutos de clase magistral de: "sube esta guitarra", "baja la otra" y "no rechistes porque llevo más de 20años en esto y sé lo que me digo".
A los de Idaho les costó entrar en calor, pero cuando coordinaron los sonidos de sus tres guitarras con los bombazos que salían disparados de la batería retrocedimos a esos años noventa en los que nos criamos (musicalmente hablando) y empezamos a entrar en esa atmósfera Dinosaur Jr que hizo que la lluvia se secara. Las converses, que much@s sacaron del fondo del zapatero, volvieron a ser nuestras zapatillas de baile y las chupas de cuero se fueron abriendo dejando que las camisetas de Nirvana, Joy division, Sonic Youth empezaran a asomar por detrás de las cremalleras bajadas.
Los tragos de country distorsionado de garage se nos fueron subiendo a la cabeza y con "Stab", "traces" o el ritmo inimitable y desgarbado del señor Martsch tocando su guitarra, se dibujaron en nuestras caras esas arrugas que sólo afloran cuando sonríes demasiado. Para nosotros "Carry the zero" fue un himno reencontrado que nos devolvió la esencia de aquellos conciertos en los que olía a porro y en los que, como la gente no sabía bailar, buscabamos el beneplácito de alrededor con peleas figuradas de movimientos arrítmicos. Para culminar el éxtasis, la primera versión de Neil Young de la tarde/Noche acabó por quitarnos años del carné. Y "car" nos confirmó que, definitivamente, nuestros gustos musicales han cambiado y preferimos el aire nostálgico del underground suave a esos ritmos que tantas veces nos han erizado el vello.
Hubiéramos ido a ver a UK Bill, pero necesitábamos un respiro y, por fin, un simpático camarero nos indicó donde estaba el teatro escondido. Por lo que, siguiendo la recomendación del guitarrista más calladito de Built to spill, nos dispusimos a ver a Disco Doom; decimos ver, porque algunos maleducados decidieron tener sus conversaciones superfluas alrededor de los bafles, con poca potencia, que los suizos habían colocado. Hecho que hizo que resultara imposible escuchar el par de temas que tocó Tristán Crowley... por éso , enfadad@s, nos fuimos a comernos un taco a la zona de comidas, mientras los Dover acababan de montar su escenario.
Somos tan "viej@s", que vivimos la época en la que los madrileños eran el sumun de la música alternativa del país. Y por suerte, no estamos contaminados por esas habladurías que dicen que Cristina no tiene voz, ó que los Dover son unos vendidos, etc. Para nosotros, el "devil came to me" fue el Nevermind en español. Ese disco nos suministró una parte de energía que mantuvo nuestra creencia de que a veces en tu barrio se hace mejor música de la que te venden en la radio o en las listas de discos más vendidos del mundo. Así que cuando hablamos de Dover, preferimos olvidar sus coqueteos con la música bailable ("evolución" por otra parte, comprensible) y quedarnos con ese enamoramiento platónico que tuvimos la primera vez que vimos esa sonrisa de placer que, todavía hoy, conserva Amparo Llanos cada vez que suena "Serenade" "Loli Jackson", "La monja mellada" y todos esos temones que forman parte de nuestra particular y selectiva memoria nostálgica.
Nos sobraron unas cuantas clases de historia entre canción y canción, pero bueno... todo no se puede. Además, mientras se consumaba el enésimo desastre de la aspiración olímpica de Madrid, nos fuimos a ver el final del concierto de Napoka Iria.
Para recibirnos, los guipuzcoanos hicieron una original versión del "Devil Came to me" y después nos enteramos de que en breve presentarán nuevo disco. Si suena la mitad de bien que el intimísimo concierto que dieron en Igeldo, invertir en tenerlo será una mejor idea que aspirar a organizar unas olimpiadas cuando no eres capaz de poner en orden lo que tienes alrededor.
Nos sorprendió que no tuvieran tiempo para bises, pero lo entendimos cuando el multiinstrumentista de Bobby Bare jr salió, con sus pantalones militares y su gorra tipical american, armado con unos teclados y un bass sinte a ofrecernos el comienzo de espectáculo, de escenario pequeño, más fastuoso que nos han ofrecido en meses. Sabéis que somos unos admiradores de Manzarek y de ese punto que le daba a los doors con sus bajos de hammond. Pues en Tenesse tiene otro admirador que ha sabido reinventar su fórmula en un grupo que parece recién salido de una carabana aparcada en las afueras de Memphis.
Como bien dijo (irónicamnete) Bobby Bare Jr: "si estabais mal, nosotros hemos venido aquí a que estéis un poco peor" y lo cierto es que nos sentimos fatal porque no sabemos como hemos podido dejar pasar, durante tantos años, un grupo con tanto talento.
Los del sudoeste de Estados Unidos hacen de lo añejo un sabor electrificante que solo masticar psicodelia, distorsión y ritmos de batería bien seleccionados, pueden dar. Fue un placer encontrar un punteo de guitarra perdido en las teclas de un piano, la BSO de Supermán en mitad de un reef o la locura trasladándose de los caretos del pianista a las escalas de su arma descargando bombas de puro rock & roll a la voz rasgada que el estereotipo de gordo americano iba recitando desde el otro lado del escenario. Lástima que no hubiera merchandasing para comprar su disco, ni que Internet (con todo lo que nos ofrece), no nos sepa decir quien es el talentoso barbudo que acompañaba al sr Bare. Pero, para l@s poc@s que nos acercamos al escenario pequeño, fue, sin duda el descubrimiento del festival. Y más si te cierran el bolo con una magistral versión de "War of man", para demostrar que va siendo hora de reconocer que Neil Young, aunque no haya dejado un cadaver joven, es uno de los 10mejores músicos que ha dado la historia.
Y para finalizar dos días maravillosos, el festival se cerró con otro de nuestros grupos fetiches: Dinosaur Jr. Objetividad al margen, J Mascis es uno de los mejores guitarristas que ha pisado el mundo; no sabemos si fue él quien inventó ese característico sonido distorsionado que impregna todas las canciones del grupo de Masachusets, pero esos punteos melódicos son un suculento banquete en mitad de las virguerías que sus acompañantes, al bajo y a la batería, van haciendo durante todo el concierto. Al fin y al cabo, el "you're living all over me" es una de las joyas más preciadas de ese hangár de tesoros en los que Sonic Youth, Nirvana, o los Pixies siempre tuvieron un lugar privilegiado. Con "Litle fury things" o "In a jar" de fondo, hemos saltado sobre más de una cama, así que escucharlas en directo fue un éxtasis que hace que aplaudamos el selecto gusto de la organización y que deseemos una larga, próspera y menos lluviosa vida a este festival.
El año que viene volveremos y veremos si la sociología, la música y los hermosos paisajes de Igeldo siguen despertando esta vena poética gafapastera que se nos pone cuando nos reencontramos con nuestro yo pasado.
sábado, 7 de septiembre de 2013
Dancing in the rain ( Kutxa kultur fest 1.0)
Empaparse de música es un buen aliciente para contrarrestar las gotas de lluvia que anuncian que el verano en la Invernalia ibérica se ha terminado...
Suele pasar que tu concepción de la realidad cuando eres niño se aleja bastante de lo que la objetividad que adquirimos con los años (o esos errores a los que llamamos experiencia), nos hace rectificar. Pasa con las series que nos flipaban cuando éramos enanos, el punkrock que a tod@s nos seduce siendo adolescentes y, claro, con los pequeños parques de atracciones que, cuando no levantas dos palmos del suelo, te parecen DisneyWorld y cuando los vuelves a ver, 20años después, te parecen menos entretenidos que los columpios de un parque.
En realidad, no recordaba la última vez que subí al monte Igeldo, por lo que los recuerdos de una feliz niñez no tardaron en aflorar a medida que el funicular se acercaba a lo alto de la montaña. La hermosa vista de la Concha hace que los sinsabores de la mañana laboral pasen a mejor vida y temerosos de que las nubes negras cumplieran sus amenazas, dejamos atrás las atracciones para acercarnos al parking a ver el final del concierto de Damien Jurado.
El de Seatle, desnudó su repertorio, y sólo con su guitarra desató la alegría de los hipster, que se agolpaban en torno al escenario, para sentir la calidez del acústico que abría la segunda edición del Kutxa Kultur Festibala.
Con la primera Keler entre las manos, disfrutamos de la letra de "cloudy shoes" mezclándose con la melancolía procedente de los árboles moviéndose al son de los acordes de guitarra y las nubes flotando como la voz con reverb aleteando en el eco de los asistentes. Con la canción de "lost in traslation" nos dimos cuenta de que más que abrasarnos corríamos el riesgo de acabar empapad@s, pero abrazados por la cercanía del reclamado "Ohio" interpretada en la proximidad de un círculo improvisado sin aderezos enchufados, nos sentimos resguardados. Y aunque no fue un largo tiempo, el concierto nos sirvió para marcar la diferencia entre la monotonía semanal y el asueto del fin de semana.
En la siguiente media hora, con el concierto de Jus, descubrimos que nos hemos hecho mayores y que los grupos bomberos, más que hacernos botar, nos hacen alejarnos paulatinamente del escenario; así que para disimular nuestras canas, nos montamos en la montaña suiza que nos trasladó al concierto que más ganas teníamos de ver: el de Junip.
Tuvimos la suerte de ver a José González hace unos cuantos años, pero lo cierto es que cubrirse la espalda con su quinteto de suecos ha sido todo un acierto. Llevamos tres años enamorados del "Fields" y empezamos a descubrir ese placer para los oídos que es el recientemente publicado "Junip"; así que, las primeras gotas de lluvia no fueron excusa para apaciguar el disfrute. Los zumbidos del "allways" coincidieron con el momento de abrir los kinder sorpresa con chubasqueros que la organización nos había regalado.
Aunque l@s más presumid@s se resistieron a dejar de diferenciarse, tod@s acabamos sucumbiendo a disfrazarnos de pollitos caladitos. Con la guitarra de José González, siempre en primer plano, la mezcla de sintetizadores y la buena selección de ritmos de batería, fue convirtiendo las gotas de lluvia en sorbitos de "rope & Summit" , "far away"... en definitiva, un "It´s allright" que nos dejo empapados pero con un maravilloso sabor de boca que cumplía todas las expectativas que nos habían llevado hasta allí.
Buscamos el Teatro escondido, pero solo encontramos autos de choques, churrerías, puestos de tiro al pichón... así que resignados a no ver a William Tyler, nos entretuvimos viendo lo que sufrieron los pipas preparando el escenario principal para el concierto de Belako.
Los vizcaínos son un grupo maduro, que posiblemente, en no mucho tiempo, cambiará gaztetxes y segundos planos por las letras más grandes de los carteles de los festivales más importantes de la geografía nacional. Tienen un directo contundente y rockero que hace que en tardes lluviosas como la de ayer, el frío quede de lado. De hecho, el mal tiempo fue un complemento ideal a la puesta en escena, ya que el viento había arrancado el telar negro del fondo del escenario, y, aunque supongo que pasaron más frío del previsto, fue hermoso contemplar la mezcla entre la distorsión guitarrera y el verde de los árboles marcando el paso de baile en una especie de pantalla de cine improvisada. Además, el "eurie" con voz de niña del coro, encarnada por la hermana pequeña de Cris y Josu fue un diminuto, y selecto, momento que coincidió con el anochecer.
Y si eso no fuera suficiente, destaparon el tarro de las esencias con "beautiful world", "Haunted house" ó "Sea of confusion" para dejarle claro a l@s escéptic@s, que este no es, precisamente, un grupo de una sola canción.
Por lo que sumidos en el placer de oídos que nos dejó el conciertazo de Belako, nos fuimos a continuar relajando partes del cuerpo con el concierto de Buffalo; los Zarauztarras, tienen el don, de fusilar de un plumazo cualquier atisbo de mal pensamiento que quede en tu cerebro, y con ritmos que van desde el rock más puro, hasta el jazz fusión, pasando por el triphop heavy que sólo el mejor batería de la zona, David, puede tocar, nos embarcaron en un barco pirata de parque de atracciones que dejó mareado a nuestro ya de por si arrítmico pie izquierdo.
Y como Zarautz, musicalmente, parece estar de moda; la siguiente parada nos llevó al concierto de Delorean. Los precursores de la música bailable en el estado, se han tomado un respiro ochentero y con su nuevo disco "apar" parecen buscar los ingredientes de la simpleza del extendido dicho del "menos en más" que tantos artistas ponen en su boca últimamente. Nosotros nunca hemos escondido que preferimos la contundencia (y la novedad) que supuso aquel Metropolitan Death, pero también sabemos admirar la metamorfosis que, ya con espíritu barcelonés, emprendieron hace unos años. Además, por mucho que grupos como Mendetz, We are Standard... les intenten comer la tostada, con las canciones de "apar" se demuestra que Unai sigue teniendo en sus sintes una tecla que no todos saben pulsar.
"Spirit" y "destitude time" nos parecen dos auténticas obras de arte, y más si la lluvia contribuye a que el punto épico de las voces pregrabadas gane consistencia y a uno, se le vaya, sin querer, la memoria a aquellas noches en el Ketarri en las que nació parte de esa esencia que los directos de Delorean siempre tienen.
El concierto de Grande Days nos lo perdimos tratando de comprarnos algo que llevarnos a la boca. Si ya de por si, estaba complicado lo de comprar comida, con el corte de luz fue un auténtico caos, pero bueno...
Al menos, nos dio tiempo a coger sitio para ver el conciertazo de la noche... De experiencias pasadas, como el concierto de Vetusta en Pamplona o el de Lori Meyers y Wilco en Murcia, sabíamos que la lluvia le da un toque especial a las actuaciones más esperadas. Nuestro chubasquero no daba más de si, pero había llovido lo suficiente para que los presumidos, que gustan diferenciarse de l@s demás, hubieran asumido que el amarillo no sienta tan mal como algunos diseñadores de medio pelo piensan. Así que corrimos del País Vasco a San Francisco y a ritmo de txalaparta, nos dejamos llevar por la contundencia que esos discos (star of love y cave rare) que tantas veces nos han hecho bailar, ganan al ser interpretados en directo.
Mimi Borelli salió ataviada con lentejuelas y bien secundada por sus tres guardaespaldas y dos coristas, fueron vomitando uno tras otro temones como "I love London" "follow" "You & I" "Plague" "champions song"... hasta hacernos llegar al climax absoluto de estar calados (de agua) por fuera y (de placer) por dento.
Esperando las largas colas del bus, nos preguntábamos si el carácter épico de la lluvia, había hecho que las casi dos horas de baile hubieran sido el mejor concierto que hemos visto en este 2013. Suponemos que ayuda el complemento de diversión que añadió Delorean, el punto relax de Damien Jurado, el ratito Buffalo y, sobre todo, el disfrute que, después de tanto tiempo de espera, nos supuso ver a Junip en directo; el caso es que mojarse mereció la pena y aunque suponemos, que inevitablemente, el sábado también tendremos que calarnos, confiamos en que nuestro pasado Grunge seque las molestias que la lluvia genera.
sábado, 31 de agosto de 2013
Musika Mollarrin
Salir de currar un viernes, preparar una cesta de picnic como las que robaba el oso Yogui en el parque de Yellowstone, subir al camping de Zarautz cruzándote con guiris de todas las nacionalidades conocidas y darte de bruces con un marco incomparable como el cargadero de Mollarri. Pedirte una cerveza, contradecir a la
organización del musika parkean, sentando nuestros culos cansados en las
piedras del siglo pasado (en lugar del habitual césped) y quitarnos el sombrero de paja para saludar
al rey sol, al ratón de Getaria y a los primeros acordes del concierto
de Lou Topet & the 31st crew.
(Como veis en esta foto de Iñaki Kaperotxiki, lo de marco incomparable no es una forma de hablar...)
El grupo Zarauztarra fue el complemento ideal al relax que necesitábamos para olvidar, de un plumazo, los vaivenes de la rutina semanal. A estas alturas los chicos de Garabi han dado los suficientes conciertos para cuadrar definitivamente ese rollito Wilco que transmiten en sus canciones y se han hecho mayores... De hecho, es un gustazo ver como Ander Zulaika ha aprovechado su incursión en otros mundos musicales, para hacer de la sutilidad una seña de identidad en su manera de tocar la batería. Oihan no ha hecho más que ratificar las buenas maneras que apuntaba en sus principios y desde ese segundo plano que el escenario reserva siempre a los bajistas, sabe aportar su buen gusto mezclando transiciones jazzeras con la perspicacia del country pausado que destilan las melodías del grupo. Unai ha sabido adaptar su formación académica a la radicalidad que siempre tuvo en lo referente a sus gustos y aunque como todo buen compositor, Oier se ha mostrado siempre receloso de su éxito, el abrazo de la compañía del público ha soltado parte de esa esencia que sus poemas musicados llevan dentro y que, por suerte, empezamos a reconocer en canciones como "esnatu dira", "jakin nahi nuke", "Hautsi" o los interminables "irauli"s.
El concierto fue un tentempié perfecto para empezar nuestro picnic. Y mientras los alrededores del escenario se empezaban a llenar de asistentes atabiados de mantitas de cuadros, cestas y oídos despejados, comprobamos que la sugerencia de la organización invitándonos a llevar sombreros, estaba más que justificada viendo que Lorenzo había reservado algunos de sus rayos para amenizar el fondo azul y verde.
Mientras los MaderaCore montaban su escenario, hicimos un poco de vida social. Faltaban algunos de los habituales hipsters de los conciertos de Donosti, pero nos hizo especial ilusión ver la armonía existente en esa conjunción de merienda, música de Coldplay de fondo, sonrisas por motivos varios y niños familiarizándose con la importancia que los conciertos (y la cultura en general) deberían tener en sus prósperos futuros.
El segundo recital de la tarde comenzó con más energía. Mientras el efecto de la primera cerveza nos iba subiendo, los ritmos de batería pesados y el guitarreo, nos reubicaron en la mitad de la tarde. Como el público estaba sentado, al grupo pareció faltarle algo de la motivación que la cercanía da. Pero lo cierto es que, apalancad@s sobre nuestras mantas de cuadros, aprovechamos para poner más atención a las letras y, la verdad, por momentos, con el ratón de Getaria de fondo, tuvimos la sensación de estar en un recital de poesía musicada. Parafraseando el título del nuevo disco de los getxotarras, emprendimos el camino del asombro a medida que la marea iba bajando y los sueños que el cantante iba plantando hacían que las sombras de la semana se esfumaran.
Los niños volvían mojados de bañarse, los perros ladraban, algunos gafapastas cambiaban el mundo a base de conversaciones trascendentes entre sorbo y sorbo de cerveza. Y la "ciclogénesis" del invierno, y los truenos de ahí fuera se apagaban en los aplausos del variopinto público asistente. No teníamos el gusto de conocer a MaderaCore, pero, sinceramente, nos gustaron lo suficiente para buscarles y verles en otro contexto.
Por último, para apurar los últimos rayos de sol decidimos unirnos a los amantes de lo añejo y bailar al son de las canciones que las marines pinchaban. Si os hemos detallado el resto de la tarde, nos cuesta encontrar palabras para describir lo que uno siente cuando, en mitad de ese maravilloso paisaje, empiezan a sonar acordes de canciones de los Doors, Bowie... nunca hemos estado en un akelarre, pero nos sentimos un poco brujas buscando el cubo que reciclara los buenos recuerdos que nos trajo escuchar esas canciones en aquel lugar.
Así que chominismo menosquino al margen, hemos estado en unos cuantos "Musika parkean" o en "Música als Parcs" de Barcelona; pero dificilmente encontraremos una mezcla de tonos de naturaleza como las que coincidieron en el viejo cargadero de Mollarri. Y aunque seguimos siendo críticos con la decisión de la concejalía de turismo de empecinarse en la radicalidad más insustancial quitando a los Zarauztarras placeres como las sesiones Jam en la playa y otras iniciativas interesantes que han derogado escudándose en cosas que antes criticaban a sus predecesores, somos, también, agradecidos, y deseamos que se sigan secundando proyectos tan maravillosos como el de ayer.
lunes, 26 de agosto de 2013
Sonorama 2013 (tercera parte: el amor sí es lo que piensas)
Siempre hay que dejar lo mejor para el final... y como ya es tradición, hicimos la visita de rigor al amigo David y nos reencontramos con todo ese clan de sonorámicos, de todo el país, que año tras año nos reunimos para ponernos finos a cordero y a vinito de la tierra.
Como siempre decimos, para que el Sonorama funcione hace falta mucha gente desinteresada que colabore. Y en eso, el profesor de Leganés y Nuria, dos de esas personas de gran corazón que pasan desapercibidas entre la muchedumbre exaltada, se llevan la palma.
Como siempre decimos, para que el Sonorama funcione hace falta mucha gente desinteresada que colabore. Y en eso, el profesor de Leganés y Nuria, dos de esas personas de gran corazón que pasan desapercibidas entre la muchedumbre exaltada, se llevan la palma.
En una bodega del año 1700 o en una nave( si la primera opción falla), tienen el don de unir, a su manera, a grupos (como el año pasado novedades Carminha), gente variopinta de todos los puntos de la península, locos entregados al hipsterismo modesto (que es el que realmente mola), bloggeros humildes, amigos.... y todo en torno a una mesa donde nos demuestran, con su humor y su dedicación, todo lo bueno que Aranda y su entorno tienen.
Pero antes de cambiar a terrible y a despechada por un futbolín y el dj Vega del arte ;) nos levantamos de buena mañana (como cantaba el Lichis) para tras la pertinente ducha y el café, quitarnos las legañas con, en nuestra modesta y subjetiva opinión, el mejor concierto de la plaza del trigo de este año (que ya es decir...), el de Igloo. Y decimos subjetiva, porque ya veníamos enamorados de su "conjunto vacío" y habíamos paladeado unas cuantas veces las letras de "Han solo" o "Sinatra". Si a uno de los mejores albumes estrenados este año, le incluímos clásicos como "todos somos átomos" ó "el pase de la muerte" y el fervor inigualable de la plaza del trigo, nos damos de bruces con ese disfrute que a muchos les cuesta un sinfín de billetes conseguir. A nosotros nos basta con contagiarnos de la sonrisa que Fran dibuja en cada cabalgada de ritmos de su batería y el "todo" resquebrajando toda la cera de los oídos de los que no escuchan más que ensordecedores silencios.
Aprovechamos el concierto de Ángel Stanich, para desayunar unas bravas y unos vermouths (no se puede llegar a todo) y antes de marchar para la corderada, nos pasamos a ver al amigo Izal.
No fue difícil encontrar la magia y los efectos especiales que necesitábamos para sobrellevar el calor. Parafraseando una de sus letras... todo fue tan simple como el "que bien que en mis pupilas siga entrando luz del sol, que bien que en mi cerebro se produzcan intercambios de información, que bien que te pusiste en medio"... en medio de esos sueños que se cumplen cuando el confeti se mezcla con el agua, la música se convierte en un "extraño regalo" y cumplimos con nuestra promesa de no volver a pisar en falso. Porque, por muchas veces que caigamos, recordaremos los pasos que nos llevan a disfrutar de todo lo que tenemos delante y paladearlo, como nunca, antes de regresar a nuestros (respectivos) rincones.
Con el estómago lleno y habiendo bailado las sesiones del dj Vega del Arte, no nos dio tiempo a ver a Stay... pero sí viajamos al sol de las afueras de Aranda para ver a Havalina. Como el sonido del título de su disco "h" nos quedamos atónitos y en silencio con la contundencia del directo. Después de dos días de pop, se agradece una dosis de distorsión guitarrera y ritmos veloces de batería. Las hojas secas cayeron como un otoño improvisado en mitad del secano castellano y con "compañía felina", "el estruendo" o "el norte" hicieron que no diferenciáramos las babas que se nos caían, el sudor y los restos de cerveza que tras cada canción sorbíamos para no acabar deshidratándonos.
Para secarnos, utilizamos los pétalos de unos claveles mientras corríamos a la primera fila del concierto de nuestro Xoel. Visto lo visto, esa condición de preciada propiedad se ha repartido por los corazones de muchos hombres y mujeres de ninguna parte. Convertido en fe nuestro dolor, desojamos las margaritas del atlántico con abrazos y esa gestualización que solo consiguen los buenos actores en las escenas felices de las películas en las que las cámaras omiten los gruñidos, las tazas de café y la condición de caballeros que muy pocos mantienen. Por suerte, títulos noviliarios al margen, nosotr@s conservamos la inocencia de los 16 y la sonrisa de las enamoradas, para no quedarnos ciegos nunca y ver, como vemos ahora, toda la alegría que Xoel transmite en cada uno de sus conciertos.
Resulta extraño contemplar como nos rodean fan´s de nueva cuña que apenas conocen las canciones de deluxe. Nos maravilla que el gallego y su amigo del alma, Felix Arias, se den el gustazo de enseñar a las nuevas generaciones lo que es un punteo como dios manda. Da gusto arder en la boca del volcán y degustar los besos de cada acorde sutil. Llámadlo como queráis, porque no hay crónica ni adjetivo que valga para describir el pinchazo de aguja en el pajar que hace que cada acorde sobrevuele nuestra eternidad parada en una canción. Yo no sé como será el paraíso, pero intuyo que lo primero que oyes cuando te mueres, debe ser algo parecido a una canción de Xoel, algo que te arranque de cuajo los miedos y te ayude a entender que tras el concierto, la realidad, es más bonita y tus ánimos deben estar a la altura del privilegio de haber podido perseguir los kioskos de claveles rojos en uno de esos días, que formarán parte de las historias que los que ahora se abrazan en la primera fila contarán a sus niet@s. Porque, aunque tengamos que contradecir al poeta gallego, el amor sí es lo que piensas, o al menos, la vida si es lo que tus pensamientos desean.
Para continuar con el subidón, nos pusimos reivindicativos con el concierto de Pony Bravo. A estas alturas el pánico en el Bungalow se nos ha pasado y el gramo de fe lo perdimos entre las raves de dios y las veces que nos hemos cagado en Eurovegas, en los políticos liberales y en la madre que parió a los que hicieron el mundo tan serio. Por suerte hay una voz, parecida al del cantante de No me pises que llevo chanclas, que al son que le marca el bajista de las camisas cantosas recita la mayor parte de nuestras quejas en forma de alocada canción con fondos "tripsicodélico". Con este, llevamos 5conciertos de Pony Bravo a cuestas, y, aún no sabemos lo que es pasárnoslo mal en ninguno de ellos, porque en la hora escasa que normalmente nos dedican, se mezclan las risas, el bailoteo fullero de mangosta y la lucidez que se te queda cuando se acaban los acordes de "mi D.N.I" y ese dedo anular subido en forma de peineta se dirige a los ciegos que no ven la realidad.
Como en una buena sesión de cine, llevábamos una noche con escenas contundentes, emociones y risas, así que nos quedaba el aporte visual, que en los títulos de crédito estaba a nombre de Standstill. Dentro de la luz, con un cénit de reflejos rojos y sonido sobresaliendo de un fondo oscuro, la voz de Enric Montefusco nos trasladó al climax de desear que no acabe el día, mientras el arte Barroco de las cristaleras alumbraban canciones como "me gusta tanto", el "¿por qué me llamas a estas horas?" (inicio habitual de las sesiones de nuestro dj favorito) o "1,2, 3, sol "... La conjugación de imagen y sonido en mitad de esa oscuridad estrellada hizo que Bonaparte se parara para contemplar la belleza de un instante diferente a todo lo que habíamos visto hasta entonces en los escenarios principales del Sonorama. Si, en vez de un concierto, hubiera sido una comida, sería un postre con apariencia amarga y regusto dulce. Un contrapunto a la despedida momentánea que Ramón Rodríguez iba a escenificar un rato después.
El sueño del chico de la gorra se vio cumplido. Y el escenario Castilla-León reunió a dos de nuestros grupos fetiche en matrimonio (musical): The new Raemon y Maga.
Unidos por un repertorio más que bien elegido, el catalán y los sevillanos nos regalaron la posibilidad de ver en primer plano el buen rollo que intuimos que se crea entre las bambalinas de festivales como este. Sospechamos que Ramón echaba de menos la estridencia de dos guitarras en contraposición a su melancolía habitual y encontró en, sus tantas veces versionados, Maga el complemento ideal a su punto de inflexión (porque a nosotros no nos gusta hablar de despedidas); El "te debo un baile" de nueva vulcano fue la manera más sutil de decir adiós que hemos visto (y oído) en el tiempo que llevamos croniqueando música. Y aunque esperamos que Ramón no tarde mucho en volver, nos llevamos grabados en nuestra retina lágrimas de despedida como: 19, Garfunkel, Risas enlatadas, Marathon man, silencio... y esas obras de arte que tanto nos han hecho pensar estos últimos años de adoración a la melancolía de las letras del poeta catalán. Ramón, te dejamos huir, descalzo y de puntillas, o como quieras, pero vuelve antes de que te echemos demasiado de menos...
Evidentemente, la tristeza es una pincelada necesaria en todas las historias buenas que se precien; Pero, sin tiempo a llorar más de la cuenta, nos fuimos corriendo a ver el concierto de Wiggum. Nos sedujo la idea de pasar esa parte de la noche junto a ellos. Al fin y al cabo, su "Guerra mundial" es un melocotonazo que merecía algo más que un escenario para futuras estrellas. Pero siendo positivos, nos quedamos con que como la chavalería estaba distraída viendo a Supersubmarina, pudimos disfrutar, más si cabe, el concierto de los catalanes. Los laureles les llegarán, seguramente, cuando cuiden un poco mejor su puesta en escena, porque por repertorio, hay pocos grupos en este país con una cantidad de canciones tan buenas como las que desde "Sintón ni són" hasta la "guerra mundial" tienen los Wiggum. "Los cuentos azules" o "Jacques Cousteau" nos demuestran de donde vienen, pero ese acto de rebelión llamado "eterna juventud", "amarillo" o "el día de tu muerte" hacen que sea un placer estar presente en el despegue hacia un futuro mejor que están viviendo Halldor, Dani y compañía.
Además, nos dieron tiempo a ver el "Kevin Mc Allister", con la que Supersubmarina cerró su bolo; Así que nos fuimos a ver a L.A con una sonrisa de metal cosida a la cara. El Low cost nos había convertido en fan´s del directo del grupo de Luis Alberto Segura, por lo que ubicados correctamente, nos propusimos sentir las vibraciones de la guitarra en nuestras carnes y volver a dualizarnos con la música de los mallorquines.
El concierto fue redondo como el fondo del escenario. Suponemos que el ribera de Duero sacó a relucir todo el buen rollo que se intuye en las conversaciones de ojos de los componentes de la banda. Para todo lo demás dejaron hablar a su música y presentaron uno de los mejores discos del año con clásicos de la banda que fueron redondeando una noche en la que las estrellas fueron alineándose, una a una, en el escenario para nosotros. "Under radar", "mirrorball" "close to you", "dualize" y, como no, "outsider" no son más que la estela que dejan esas estrellas fugaces que nos invitan a ver que en este país, el cielo musical está más que bien cubierto. Y para lo que el dinero no puede comprar, está la luz y el buen gusto que deja tener la posibilidad de ver en directo a grupos como este.
El the end se vistió de música de baile, como ya es costumbre en el Sonorama. Y para quitar las penas, no hay nada mejor que mover las caderas y las piernas al son que marcan los Estereotypo. A pesar del cansancio, los de Santander, con dos canciones, pusieron patas arriba el Sonorama. Y revelándonos temas de su nuevo disco y trasladándonos a aquel conciertazo de apertura del Ebrovisión en el que los descubrimos hace unos años, David Van Bylen y compañía, hicieron que el "pleasure" fuera algo más que una canción; y el "I want more" una forma perfecta de decir que el sonorama, una vez más, se nos había quedado corto.
Si el amor no es lo que piensas, como dice Xoel, más vale que vengas al Sonorama el año que viene a retractarte y a soñar con nosotr@s: comiendo cordero, bebiendo vino, bailando, saltando, enamorándote y sintiendo que la vida puede ser maravillosa, al menos, mientras siga siendo eso que pasa entre Sonorama y Sonorama.
Aprovechamos el concierto de Ángel Stanich, para desayunar unas bravas y unos vermouths (no se puede llegar a todo) y antes de marchar para la corderada, nos pasamos a ver al amigo Izal.
No fue difícil encontrar la magia y los efectos especiales que necesitábamos para sobrellevar el calor. Parafraseando una de sus letras... todo fue tan simple como el "que bien que en mis pupilas siga entrando luz del sol, que bien que en mi cerebro se produzcan intercambios de información, que bien que te pusiste en medio"... en medio de esos sueños que se cumplen cuando el confeti se mezcla con el agua, la música se convierte en un "extraño regalo" y cumplimos con nuestra promesa de no volver a pisar en falso. Porque, por muchas veces que caigamos, recordaremos los pasos que nos llevan a disfrutar de todo lo que tenemos delante y paladearlo, como nunca, antes de regresar a nuestros (respectivos) rincones.
Con el estómago lleno y habiendo bailado las sesiones del dj Vega del Arte, no nos dio tiempo a ver a Stay... pero sí viajamos al sol de las afueras de Aranda para ver a Havalina. Como el sonido del título de su disco "h" nos quedamos atónitos y en silencio con la contundencia del directo. Después de dos días de pop, se agradece una dosis de distorsión guitarrera y ritmos veloces de batería. Las hojas secas cayeron como un otoño improvisado en mitad del secano castellano y con "compañía felina", "el estruendo" o "el norte" hicieron que no diferenciáramos las babas que se nos caían, el sudor y los restos de cerveza que tras cada canción sorbíamos para no acabar deshidratándonos.
Resulta extraño contemplar como nos rodean fan´s de nueva cuña que apenas conocen las canciones de deluxe. Nos maravilla que el gallego y su amigo del alma, Felix Arias, se den el gustazo de enseñar a las nuevas generaciones lo que es un punteo como dios manda. Da gusto arder en la boca del volcán y degustar los besos de cada acorde sutil. Llámadlo como queráis, porque no hay crónica ni adjetivo que valga para describir el pinchazo de aguja en el pajar que hace que cada acorde sobrevuele nuestra eternidad parada en una canción. Yo no sé como será el paraíso, pero intuyo que lo primero que oyes cuando te mueres, debe ser algo parecido a una canción de Xoel, algo que te arranque de cuajo los miedos y te ayude a entender que tras el concierto, la realidad, es más bonita y tus ánimos deben estar a la altura del privilegio de haber podido perseguir los kioskos de claveles rojos en uno de esos días, que formarán parte de las historias que los que ahora se abrazan en la primera fila contarán a sus niet@s. Porque, aunque tengamos que contradecir al poeta gallego, el amor sí es lo que piensas, o al menos, la vida si es lo que tus pensamientos desean.
Para continuar con el subidón, nos pusimos reivindicativos con el concierto de Pony Bravo. A estas alturas el pánico en el Bungalow se nos ha pasado y el gramo de fe lo perdimos entre las raves de dios y las veces que nos hemos cagado en Eurovegas, en los políticos liberales y en la madre que parió a los que hicieron el mundo tan serio. Por suerte hay una voz, parecida al del cantante de No me pises que llevo chanclas, que al son que le marca el bajista de las camisas cantosas recita la mayor parte de nuestras quejas en forma de alocada canción con fondos "tripsicodélico". Con este, llevamos 5conciertos de Pony Bravo a cuestas, y, aún no sabemos lo que es pasárnoslo mal en ninguno de ellos, porque en la hora escasa que normalmente nos dedican, se mezclan las risas, el bailoteo fullero de mangosta y la lucidez que se te queda cuando se acaban los acordes de "mi D.N.I" y ese dedo anular subido en forma de peineta se dirige a los ciegos que no ven la realidad.
Como en una buena sesión de cine, llevábamos una noche con escenas contundentes, emociones y risas, así que nos quedaba el aporte visual, que en los títulos de crédito estaba a nombre de Standstill. Dentro de la luz, con un cénit de reflejos rojos y sonido sobresaliendo de un fondo oscuro, la voz de Enric Montefusco nos trasladó al climax de desear que no acabe el día, mientras el arte Barroco de las cristaleras alumbraban canciones como "me gusta tanto", el "¿por qué me llamas a estas horas?" (inicio habitual de las sesiones de nuestro dj favorito) o "1,2, 3, sol "... La conjugación de imagen y sonido en mitad de esa oscuridad estrellada hizo que Bonaparte se parara para contemplar la belleza de un instante diferente a todo lo que habíamos visto hasta entonces en los escenarios principales del Sonorama. Si, en vez de un concierto, hubiera sido una comida, sería un postre con apariencia amarga y regusto dulce. Un contrapunto a la despedida momentánea que Ramón Rodríguez iba a escenificar un rato después.
El sueño del chico de la gorra se vio cumplido. Y el escenario Castilla-León reunió a dos de nuestros grupos fetiche en matrimonio (musical): The new Raemon y Maga.
Unidos por un repertorio más que bien elegido, el catalán y los sevillanos nos regalaron la posibilidad de ver en primer plano el buen rollo que intuimos que se crea entre las bambalinas de festivales como este. Sospechamos que Ramón echaba de menos la estridencia de dos guitarras en contraposición a su melancolía habitual y encontró en, sus tantas veces versionados, Maga el complemento ideal a su punto de inflexión (porque a nosotros no nos gusta hablar de despedidas); El "te debo un baile" de nueva vulcano fue la manera más sutil de decir adiós que hemos visto (y oído) en el tiempo que llevamos croniqueando música. Y aunque esperamos que Ramón no tarde mucho en volver, nos llevamos grabados en nuestra retina lágrimas de despedida como: 19, Garfunkel, Risas enlatadas, Marathon man, silencio... y esas obras de arte que tanto nos han hecho pensar estos últimos años de adoración a la melancolía de las letras del poeta catalán. Ramón, te dejamos huir, descalzo y de puntillas, o como quieras, pero vuelve antes de que te echemos demasiado de menos...
Evidentemente, la tristeza es una pincelada necesaria en todas las historias buenas que se precien; Pero, sin tiempo a llorar más de la cuenta, nos fuimos corriendo a ver el concierto de Wiggum. Nos sedujo la idea de pasar esa parte de la noche junto a ellos. Al fin y al cabo, su "Guerra mundial" es un melocotonazo que merecía algo más que un escenario para futuras estrellas. Pero siendo positivos, nos quedamos con que como la chavalería estaba distraída viendo a Supersubmarina, pudimos disfrutar, más si cabe, el concierto de los catalanes. Los laureles les llegarán, seguramente, cuando cuiden un poco mejor su puesta en escena, porque por repertorio, hay pocos grupos en este país con una cantidad de canciones tan buenas como las que desde "Sintón ni són" hasta la "guerra mundial" tienen los Wiggum. "Los cuentos azules" o "Jacques Cousteau" nos demuestran de donde vienen, pero ese acto de rebelión llamado "eterna juventud", "amarillo" o "el día de tu muerte" hacen que sea un placer estar presente en el despegue hacia un futuro mejor que están viviendo Halldor, Dani y compañía.
Además, nos dieron tiempo a ver el "Kevin Mc Allister", con la que Supersubmarina cerró su bolo; Así que nos fuimos a ver a L.A con una sonrisa de metal cosida a la cara. El Low cost nos había convertido en fan´s del directo del grupo de Luis Alberto Segura, por lo que ubicados correctamente, nos propusimos sentir las vibraciones de la guitarra en nuestras carnes y volver a dualizarnos con la música de los mallorquines.
El concierto fue redondo como el fondo del escenario. Suponemos que el ribera de Duero sacó a relucir todo el buen rollo que se intuye en las conversaciones de ojos de los componentes de la banda. Para todo lo demás dejaron hablar a su música y presentaron uno de los mejores discos del año con clásicos de la banda que fueron redondeando una noche en la que las estrellas fueron alineándose, una a una, en el escenario para nosotros. "Under radar", "mirrorball" "close to you", "dualize" y, como no, "outsider" no son más que la estela que dejan esas estrellas fugaces que nos invitan a ver que en este país, el cielo musical está más que bien cubierto. Y para lo que el dinero no puede comprar, está la luz y el buen gusto que deja tener la posibilidad de ver en directo a grupos como este.
El the end se vistió de música de baile, como ya es costumbre en el Sonorama. Y para quitar las penas, no hay nada mejor que mover las caderas y las piernas al son que marcan los Estereotypo. A pesar del cansancio, los de Santander, con dos canciones, pusieron patas arriba el Sonorama. Y revelándonos temas de su nuevo disco y trasladándonos a aquel conciertazo de apertura del Ebrovisión en el que los descubrimos hace unos años, David Van Bylen y compañía, hicieron que el "pleasure" fuera algo más que una canción; y el "I want more" una forma perfecta de decir que el sonorama, una vez más, se nos había quedado corto.
Si el amor no es lo que piensas, como dice Xoel, más vale que vengas al Sonorama el año que viene a retractarte y a soñar con nosotr@s: comiendo cordero, bebiendo vino, bailando, saltando, enamorándote y sintiendo que la vida puede ser maravillosa, al menos, mientras siga siendo eso que pasa entre Sonorama y Sonorama.
viernes, 23 de agosto de 2013
Sonorama 2013 (segunda parte: acostarse con la luna entre los brazos )
El segundo día de sonorama siempre empieza con prisas, olor a café y sabor a resaca... es inevitable dejarse llevar por el influjo de la primera noche, por lo que l@s que hemos estado allí más de dos veces sabemos que es inútil resistirse: tanto a acostarse tarde, como a levantarse antes de que los conciertos de la plaza del trigo se pongan en marcha. Y si coges el papelito arrugado que te sirve de guía y consigues leer: Tuya, pegas un salto, te pones lo más fresquito que tengas, el sombrero de paja hortera y las gafas de sol; te cagas 4veces en los jardineros que te recuerdan que incluso en días de Sonorama hay gente que curra (pobres!!!) buscas un bar donde tomarte un café rápido o con croasán (si el cuerpo te lo permite) y aprovechas el trecho que separa tu cuartel general del centro del pueblo para saludar, jugar a ver quien tiene peor cara y, evidentemente, seguir riéndote.
Fíjate si corrimos que nos dio tiempo a llegar al grupo cuyo nombre homenajeaba nuestras pintas de guiris: Banda de turistas. Igual que con los Girondines, nos dio gusto ver que, al otro lado del Atlántico también, las nuevas generaciones saben mirarse en el espejo adecuado, no sucumben a la chapa de las radio Fórmulas y prueban que una guitarra puede tener matices cercanos al rock, al blues y a esos ritmos añejos que tocados por chavalitos ganan coherencia.
Los chicos se lo creían, así que, a pesar del calor, de las guerras de pistolas de agua, de los manguerazos de los bomberos y de los gorros antirayos ultravioletas, nos olvidamos de la resaca y seguimos en ese estado sonorámico en el que tus tobillos hacen acrobacias dignas de la mejor danza artística de Lucía Lacarra.
Esperando al plato fuerte de la matinal conciertera, nos perdimos por las calles contiguas en busca de vermouths y cachis de cervezas. Hicimos la visita de rigor a la vieja bodega que hay detrás del escenario y cogimos sitio para que el cantante de tuya nos viera de reojo. Los madrileños son los reyes de los matices, y aunque en la plaza del trigo la gente demanda ritmos de batería que impulsen a saltar, el trío de artistazos nos dejaron bien a los que metimos su "waterspot" dentro del top 10 nacional del año pasado. Fue un placer escuchar en directo "cake", "all my best" "metal selves"... y claro, ese "hands of wasted man" que nuestro dj favorito nos pincha cada sábado.
Para apaciguar los ánimos de tan exquisito sabor de oído, nos tuvimos que refugiar en el garaje de Jack Knife, para esconder en el guitarreo el gusto de parafrasear el "be yourself" y perderte entre esa multitud para añadir a tu lista de amistades un@s cuant@s nuevos festivaler@s.
Mientras se extendía el rumor de que Supersubmarina nos "sorprendería", acabamos de mojarnos (sin llegar a rayarnos, como el pantalón del cantante), con los goteos de agua y sudor "botantes" de nuestro alrededor. El jalear persistente de:"escenario principal", se mezcló con esos "uhhhh" que te salen del alma cuando una canción te llega. Si no nos creéis, por ahí andamos perdidos aplaudiendo y gritando "ahhhh" entre riffs, punteos y ritmos de batería dignos de nuestros mejores recuerdos setenteros.
Del concierto sorpresa, podemos deciros que el "dance with somebody" y el "take me out" sonaron mejor que las canciones habituales del repertorio de los de Baeza; y nos reconcilió con el mundo ver que los piratas siguen teniendo su rinconcito en el refranero del indiefestivalero. Aunque todo éso lo extrajimos de la escucha lejana mientras nos comíamos un cachi de croquetas, un poco de picadillo y unos callos para "desayunar"; y robábamos unos cd´s regrabados de "the panteras" (el grupo que nos ayudó a digerir la comilona con su música surf).
Con el estómago lleno, fuimos a pasar la tarde, otra vez, a la plaza del rollo, ó, más bien, la plaza del amor (dure lo que dure después); Cometimos el craso error de bebernos los cubatas con pajitas y el punto ochentero de la música que estaban poniendo los dj´s nos hizo perder la noción del tiempo...
Escuchamos a León Benavente de camino a nuestra morada alquilada, nos duchamos con Jero Romero de fondo y The corner nos recordaron que no era hora de siestas, por lo que ataviados de mangas largas y latas de cerveza recorrimos el medio kilómetro que nos separaba de la entrada jugando a ver quien disimulaba mejor las eses de las zancadas.
Por si nos amodorrábamos, Travis hizo que nos acordáramos de que era el momento de "where you stand" y para ser una banda invisible desde aquel disco de 2001, nos ofreció un momentazo con "sing" incitándonos a gritar como quinceañeros desbocados, ó esa evocación de los tiempos mejores de "the man who" que nos devolvió a esa época sin Internet en las que escuchabas un millón de veces los discos que te comprabas, con el esfuerzo de no gastarte la paga que te daba tu abuela en chucherías.
Con el final del concierto de los de Glasgow, creíamos que nos relajaríamos; pero el "enero en la playa" (una de nuestras canciones fetiche) irrumpió en mitad del "de ti sin mi" o el "de mí sin ti" y de repente, el baile interminable de Delafé nos sumió en un éxtasis de rapeo que convirtió el escenario Castilla León en una parte de esa calle 8 mile de Detroit en la que Eminem dio rienda suelta a su inspiración...
El ciudadano de un lugar llamado Aranda, colocó en nuestras cabelleras una de esas coronas de flores que llevaban los hippies y no fue difícil sucumbir al encanto de Helenita mientras óscar D´Aniello nos disfrazaba de soñadores con esa reverberación de voz en la que el poder del mar transforma las bases en oleajes tranquilos en mitad de una marejada de almas bailando al unísono y sintiendo cosquillas en las rodillas.
Pero el Sonorama, como recomendaba la abejita rapera de las flores azules, no se paró ahí... porque los primeros acordes del concierto de Lori Meyers empezaron a sonar...
En vez del Noni, salió a cantar Óscar Jaenada, o algo parecido a lo que el gran actor catalán hizo en su papel magistral de Camarón. Sabéis que somos muy fan de Lori Meyers y que no podemos decir nada malo de ellos, así que aguantamos unos cuantos clásicos: "Luciérnagas y mariposas", "dilema"... y cuando se pusieron con su repertorio para quinceañeras nos fuimos a relajarnos abrazando las letras de Jaír Ramírez en el escenario "future stars".
Algunos no lo saben, pero lo mejor que tiene el Sonorama es poder degustar en "primicia" el futuro de los que en un tiempo no muy lejano abarrotarán grandes escenarios. Quizá Pumuky no sea un ejemplo de eso, porque una parte del público no entiende que no todo en la vida es dar botes, pero fue un auténtico placer pedirnos una caña y disfrutar de esas pequeñas obras de arte que desde "el bosque en llamas" hasta el "eterno femenino" nos fueron pixelando con esa estrambótica forma de contar cuentos que uno de nuestros canarios favoritos tiene.
Luego nos quedamos en la fiesta murciana que montaron Perro; Subjetivamente y obviando la comparación de sonido fue, posíblemente, uno de los 5mejores conciertos del festival. Puede que sea porque a nosotros también nos gusta correr en Bicicleta, o porque todos hemos querido perder 40kilos y sentirnos poperas por un día; El caso es que ese ritmo psicodélico que tocan los murcianos nos atrapó y abducidos por el influjo de su sublime Singles brasileñas nos atrevimos a bailar e hicimos de lo imposible un momentazo casi perfecto que, posiblemente, repetiremos en otros escenarios mayores en los años venideros.
Y si eso fuera poco, la organización nos puso en un brete, solucionado, por los pequeños problemillas técnicos que siempre se ensañan con los grupos más "pequeños"... así que para contradecir a los que dicen que "segundas partes nunca fueron buenas", nos quitamos el mal sabor que el concierto lluvioso de hace dos años nos había dejado, y procedimos a disfrutar con el "to be continued" que nuestra cabeza escribió tras el conciertazo de Dorian en el Low Cost. Desde aquella noche, "la velocidad del vacío" ha sido una parte de la banda sonora que hizo más llevadera nuestro regreso a la monotonía. Hemos perdido la cuenta de los temblores que hemos "sufrido" y más que perder amigos, los hemos ganado recomendando esta obra de arte de los catalanes. No hay horas bajas ni tristezas que valgan, cuando la marea te arrastra a un lugar llamado sonorama del que, si pudiéramos, nunca regresaríamos; no vale eso de "cualquier otra parte" cuando hemos quemado suficientes horizontes para saber que este festival nació para hacernos felices y conciertos como el de Dorian, aunque Marc, a veces, esté más serio de lo que debería, hacen que esa idea inicial se ratifique.
Y si no estaba corroborada la cuestión, Cápsula vino a dejar claro que el mundo se había parado definitivamente, y que diga lo que diga Mafalda, a lo mejor hay que bajarse, sí, pero a empujar. De los Argentinos/Bilbaínos nos enamoramos ya hace unos cuantos años en el Ketarri, fue como uno de esos amores de verano, que de cuando en cuando te vienen a la cabeza... tras aquellos inicios, nos reencontramos con ellos en el Rockumentalak (2 veces), en el Jazzaldi, en aquella gira en la que suministraban metadona musical a los que echábamos de menos a Bowie... y ahora, una vez más, y con nuevo (y muy buen) batería, volvieron a demostrarnos que el viejo rock & Roll sigue gozando de muy buena salud, tanta como nuestra wild fascination por ellos.
Y como dice el gran Iván: "para que la luna llena no se choque contra el suelo hemos de encontrarnos siempre en las afueras del pueblo" y reservando los besos de todos los amores de verano, nos fuimos a casa: sólos pero felices, burlando al tiempo y con esa hermosa perspectiva que, según como pongas las manos, hace que parezca que tienes la luna agarrada.
miércoles, 21 de agosto de 2013
Sonorama 2013 (Primera parte: Sonríe)
No necesito un BMW para saber que me gusta conducir, y más si mi destino es Aranda de Duero y de fondo suena ésto...
Este año llegamos más tarde de lo habitual (no fuimos los primeros), pero, como siempre, llevamos esa maleta cargada de buen rollo que todos los meses de agosto preparamos, concienzudamente, para que el calor, de los que se sienten arandinos ( todo el año ó de adopción por 3 o 4 días), nos agasaje.
El sol castellano nos dio la bienvenida, era la hora de comer, por lo que ya que nos habíamos perdido los conciertos de la mañana nos apresuramos a tomar contacto con la simpática gente del pueblo, con el primer vermouth y el picoteo típico anterior al cerveceo/cubateo de la tarde.
Nos jodió perdernos a Pasajero, pero resultó que lo "imperdible", de la matinal en la plaza del trigo, fueron los chicos autóctonos de The Girondines, más que nada, porque demostraron que en Aranda hay una generación que ha crecido amamantada por las 16 ediciones de un festival que, si algo tiene diferente a los demás, es que parece enorgullecer a gran parte de la ciudad burgalesa. Y aunque detractores, aprovechados y esclavos de las quejas hay en todos lados, da gusto ver como mucha gente se ofrece voluntaria y contribuye a que los que venimos "de fuera" nos sintamos como en casa.
Prueba de ello, fue el ratico en la plaza del rollo; donde nos sorprendió encontrarnos con Don Gonzalo, nuestro amigo de discos Bora Bora, amenizando la tarde de los primeros bañistas de la ya mítica piscina de plástico de la Tramoya. Al son de los planetas nos dimos nuestro primer chapuzón con la cerveza en mano y fuimos reencontrándonos con todos esos golfos aragoneses, cántabros, alicantinos, vascos... cuyas caras vemos rejuvenecer, año tras año, en esas bonitas plazas castellanas.
Con una buena borrachera en ciernes, fuimos a maquillar nuestras muñecas con una apretada pulsera blanca. Nuestra condición de previsores, nos regaló una camiseta de Superman tuneada con el nombre del festival y una botella de vino que regalamos a la organización por su buen gusto.
Volver a traspasar la puerta de entrada al recinto vallado provoca una emoción que hace que te vengan a la cabeza recuerdos del año anterior o de esos tiempos mejores a los que Jorge Manrique aludía en las coplas a la muerte de su padre.
Comprobamos que todo (comida, merchandasing, escenarios...) estaba en su sitio, cargamos nuestra cartera de sonos y nos guiamos por el sonido evocador de la voz de Soleá Morente... por un momento creímos estar poseídos por la música de aquella obra de arte llamada "Omega" que su padre y los lagartija Nick regalaron al mundo; Pero resultó que una parte de los planetas se había alineado tras la hija del maestro para darnos la bienvenida, de la mejor manera posible, al festival. El calvario de no haber llegado a ver a Jaime Urrutia pasó a la historia y enfrascados en las notas de "en un sueño viniste" empezamos a entender que aquella iba a ser una gran noche.
Como era de esperar, nuestro listón había alcanzado una altura de esas que sólo Sergei Bubka era capaz de superar con su pértiga; pero Belle & Sebastian se propusieron hacernos olvidar las marcas del ucraniano y con sus canciones tiraron por la borda la teoría de Jorge Manrique y demostraron que parafraseando su "i want the world to stop" nos podemos disfrazar de Mafalda, para parar el mundo en un acorde de "write about love" y escribir algunas de las muchas historias de amor que cumplían años ante aquellos dos escenarios. Lo mejor del concierto es que a los del sonido se les ocurrió regalarnos un rato de voces sin efectos excesivos que nos permitió imaginar como serían aquellos inicios del grupo, con medios precarios, en los bares de Glasgow.
Con ese buen sabor de boca nos fuimos tarareando el "another sunny day" al otro escenario. Nuestro grito de "escenario principal" en aquel concierto, de hace dos años, de Mucho en la plaza del trigo se hizo realidad y los toledanos tuvieron su merecida oportunidad de encandilar al gentío. El relevo de aquel primer disco: "el apocalipsis según mucho" se convirtió en el génesis de nuestra felicidad. Haciendo honor a las letras de sus canciones descubrimos que éramos más felices sin televisión, salimos de esa parte de la tierra que sólo nos transmite miedo y "como si no hubiera mañana" degustamos un concierto estupendo bailando y disfrutando de las letras a partes iguales.
Con el puntito de las noches toledanas, nos vestimos de negro y nos fuimos a ver que se contaba loquillo en el escenario Principal. Como buenos mitómanos fuimos con los deberes hechos y aunque el cuero y los tupés no nos queden bien, optamos por compartir con el señor Sanz la borrachera relativa con la que saltó al escenario. A diferencia de Alaska unas semanas antes en el Low Cost, Teddy Loquillo (como se hacía llamar en sus inicios) nos regaló un repertorio repleto de clásicos como "Cadillac solitario" (que dedicó al público cual torero brindando orejas al respetable), Feo, fuerte y formal (que nos alegró el día, o más bien la noche), el ritmo del garaje y unas sublimes colaboraciones como la de Ramón Rodríguez (nuestro admirado New Raemon) que cantó "Barcelona Ciudad" con el hombre de negro, los sevillanos Maga que se pegaron al loco para cantar "Pégate a mí" y el gran Sr. Chinarro con quien, como era de esperar, cantó "Rock and roll star". En definitiva, un espectáculo que hace que des por bien invertido el precio de la entrada y siendo jueves y viendo de donde veníamos y que todavía nos quedaba por ver a nuestra querida Isa, a Mendetz y a Eme Dj colapsó la información positiva de nuestras bailarinas neuronas.
Para no desentonar con el guitarreo, el derrotismo habitual del buen rockero se transformó en victoria Mística.Osea, el retorno de Triángulo de amor Bizarro. Por un rato pensamos que eran los Pixies, pero luego nos dimos cuenta que esa pelirroja peligrosa con aires ramonianos era Isa robando nuestro tiempo con un rayo de sol que nos llevaba de la monarquía a la criptocracia en cada riff repetitivo de guitarra sucia. Si Joey Ramone resucitara se la comía a besos, a ella y a sus dulcemente perversos acompañantes. ¡Ay que bien nos vendría a tod@s complicarnos menos y hacer, como hacen estos gallegos: de la simpleza un arte.
Y para acabar, como es costumbre en el sonorama: toca bailar. Y para éso nadie mejor que Mendetz. Si nos leéis habitualmente, sabréis que, desde el Low Cost, teníamos una cuenta pendiente con este grupazo maravilloso que tiene el don de hacernos mover los pies a la velocidad de los rayos de la última hora. Y así deambulamos del future sex, a las silly symphonies pasando por esa versión del "freed from desire" que nos devuelve a los tiempos semidiscotequeros de nuestras vidas con la sonrisa cosida a la boca, que es el estado natural que uno tiene en el Sonorama. El subidón fue tal que seguimos la fiesta con Eme Dj, el amanecer y algún desarraigado sonorámico que nos hizo emular esas fiestas de bienvenida que cada jueves de Sonorama nos llevaba a acabar la noche (o empezar el día) en el Café Central...
Está claro que, como escribió nuestro romántico cronista de la introducción del festival, debería estar prohibido morirse sin saber lo que es esa sonrisa que estar en el Sonorama te provoca.
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